“¡A soltar los kayaks!”, tras el grito de Viet, unos diez kayaks fueron lanzados al agua. Con ropas muy ligeras y limpias, un gran sombrero para protegernos del sol y una botella de agua en la mano, iniciamos nuestro viaje. Es difícil expresar exactamente nuestros sentimientos cuando estuvimos sentados en el kayak, navegando sobre las olas doradas durante la puesta del sol y contemplando grupos de
Partiendo del muelle turístico de Bai Chay, en la ciudad de Ha Long, provincia de Quang Ninh, el barco Huong Hai nos llevó a la bahía de Ha Long, donde fueron soltados los kayaks para empezar el viaje de descubrimiento bajo la orientación del guía Bui Quoc Viet.
“¡A soltar los kayaks!”, tras el grito de Viet, unos diez kayaks fueron lanzados al agua. Con ropas muy ligeras y limpias, un gran sombrero para protegernos del sol y una botella de agua en la mano, iniciamos nuestro viaje. Es difícil expresar exactamente nuestros sentimientos cuando estuvimos sentados en el kayak, navegando sobre las olas doradas durante la puesta del sol y contemplando grupos de peces nadando en la superficie del agua y aves marinas posándose sobre las rocas y orillas de arenas blancas en las islas dispersas por la bahía. Sólo cuando entramos en el inmenso espacio del mar percibimos la magnífica y sorprendente belleza de la bahía de Ha Long. Remando para visitar las islas lejanas, vimos hileras de grandes rocas extendidas desde el borde de agua hasta las islas, cordilleras de corales bajo el agua clara y otros atractivos que no están recogidos en guía turística alguna.
Después del primer día de aventura, nuestros músculos del hombro y los bíceps estaban agotados. Sin embargo, el cansancio fue desapareciendo gradualmente, sustituido por la satisfacción física y el renuevo espiritual. El mar estaba calma, salvo unas pocas olas batiendo plácidamente en los kayaks, pero cuando llegaban a los arrecifes rocosos, crecían de manera casi violenta, produciendo un gran estruendo y espuma blanca, lo que creaba un escenario impresionante. Por miles de años, las olas han formado bellas cuevas y formaciones en las montañas. Remamos en las grutas Luon, Ba Trai Dao, Ba Ham y Dau Be, pasando por enormes barrancas, contemplando las aves marinas posándose en los acantilados y escuchando el sonido de las olas en cascada. Nos sentíamos sumergidos en la inmensa y caprichosa naturaleza.
Visitamos un pueblo de pescadores cerca de la cueva Sung Sot, donde reside una comunidad de personas que casi nunca van a tierra firme. Generación tras generación, estos pobladores han permanecido atados a sus embarcaciones, sus activos más valiosos. Se ganan la vida por diferentes medios, de la pesca y del comercio para satisfacer sus necesidades cotidianas.
Cuando el sol se escondió totalmente tras las montañas, remamos de regreso al barco para cenar. Tuvimos un gran banquete, que incluyó vino chileno y mariscos capturados en la bahía de Ha Long, y disfrutamos la tranquila y romántica noche en el mar.