“Al salir del bosque de pinos, apareció un espectáculo inolvidable. Ante mis ojos desfilaron montes desiguales de una meseta vasta y despejada. El agradable aire fresco me liberó del cansancio y me lancé hacia los montes y grité como un niño…” (Extracto del diario de Yersin). Da Lat —una meseta muy conocida con el romántico nombre de Ciudad de las Flores— se fundó en 1897 después de su descubrimi
“Al salir del bosque de pinos, apareció un espectáculo inolvidable. Ante mis ojos desfilaron montes desiguales de una meseta vasta y despejada. El agradable aire fresco me liberó del cansancio y me lancé hacia los montes y grité como un niño…” (Extracto del diario de Yersin)
Da Lat —una meseta muy conocida con el romántico nombre de Ciudad de las Flores— se fundó en 1897 después de su descubrimiento por el médico francés Alejandro Yersin (1863-1943) en junio de 1893. Está situada a unos 1 500 m sobre el nivel del mar, el lugar más alto de las mesetas de Tay Nguyen, y cuenta con óptimas condiciones para la floricultura. Las flores en Da Lat crecen por doquier, tanto en las cañadas como en los cantiles abruptos, y exponen sus vivos colores a la luz del sol radiante.
De flores…
El festival “Flores de Da Lat” agrupa unas 400 000 cestas y macetas. Esta cantidad resulta insuficiente si se dispersan por toda la ciudad. Precisamente por eso, los habitantes del lugar muestran su hospitalidad y orgullo por el reino de las flores creando por su propia cuenta cientos de miles de plantones y cestas de diversos tipos de flores. Toda la ciudad está hundida en un inmenso mar de flores que, desde balcones, entradas de las casas y calles que serpentean entre pinos seculares, exhiben colores y fragancias fascinantes para los transeúntes. Se suman a esa tonalidad festiva millones de acacias y caléndulas que representan el colorido típico y tradicional del lugar. Paseando entre estos colores y fragancias me pregunto si estoy en la tierra o en el paraíso…
El jardín de la ciudad es el punto de cita de los visitantes. En el lugar se puede contemplar un arco de triunfo de decenas de metros de altura, construido con miles de macetas de flores multicolores.
Flores, más flores y sólo flores sobre centenares de metros cuadrados o en macetas de hasta un metro de diámetro. Son 16 variedades de rosas, 17 especies de crisantemos, 17 familias de claveles, mimosas, flamboyanes, lilas, azucenas, campanillas… Y, sobre todo, orquídeas, que llenan un invernadero de casi 2 000 m². No solo este jardín, sino otros seis en distintos sitios de la ciudad fueron reconocidos como los más bellos entre miles de jardines de Da Lat. Se aprecian las flores y también a los floricultores, para comprender que en esta parte de Vietnam el hombre y la flor se integran desde hace mucho tiempo.
…al sol…
Un día en Da Lat se vive las cuatro estaciones. Por la mañana es primavera con flores multicolores. Al mediodía brilla el radiante sol del verano, que tiñe toda la ciudad con sus rayos dorados. Al atardecer bajan ligeramente las temperaturas, típico del otoño, y por la noche azota el aire helado del invierno. El verano de Da Lat es un tanto diferente por su sol. El sol de Da Lat no es igual al sol de Hanoi ni mucho menos al de Ciudad Ho Chi Minh. Tiene su propia “fisonomía”: delgadita cuando sus rayos penetran entre las ramas de pino para perderse en las copas frondosas; y tan grande que cubre con sus rayos dorados toda la faz del lago Cuan Huong. Los rayos del sol de Da Lat centellean como las mismas flores del lugar.
…y de noche…
La noche comienza con la inauguración del Festival de las Flores en las calles. Al parecer, nadie se encierra en su casa. Todo el mundo se lanza a la calle bajo las luces multicolores que hacen resaltar más aún la gama de flores.
Las flores de Da Lat se aprecian más lindas que las de otros lugares. Y se hacen más bellas por sus leyendas: la mimosa evoca una historia de Australia, mientras la rosa testimonia tantas historias de amor… Así hablan las flores.
La noche cubre toda la ciudad con el rocío que pende de las ramas de los árboles o humedece los cristales. El rocío revive los pétalos castigados por el sol diurno. También enfría la ciudad y los visitantes tienen estremecimientos repentinos.
La noche guarda los ruidos del día para que los visitantes de paseo por las calles puedan escuchar el murmullo de los pinares. La noche de Da Lat está hecha de silencio, tranquilidad y también calor humano.